Carisma - Santa Cándida y María Santísima

Vuelvo junto a la Madre Cándida para recordar una presencia  en su vida, para escuchar las palabras con las que nos habla de su devoción a la Virgen, ese rasgo fundamental de su CARISMA, la devoción mariana.

La M. Cándida  -Juana Josefa Cipitria y Barriola-  nació en un día de la Virgen: 31 de mayo de 1845,  fiesta de la Madre del Amor Hermoso, después pasó a ser de la Virgen Reina y actualmente conmemoramos la Visitación de María a su prima Isabel.

Muchos años después, 1892, cuando se le pide que “apunte todo lo de la Congregación y todo” tenemos la palabra directa de la M. Cándida: “lº: la devoción a la Purísima Virgen los sábados particularmente desde la edad de unos cuatro años”, no se trata de una piedad ingenua, infantil, sino de una vivencia continuada, desde entonces no hay circunstancia importante en su vida sin la presencia de María:

Y poco años más debía de tener Juanitatxo cuando sale muy temprano al monte para ver a la Virgen o a sentarse al borde del camino a esperar a Jesús y a la Virgen para ofrecerles el ramillete de flores que les ha hecho, o a un pobre para darle el bocadillo que le preparó la abuela, porque es sábado -día tradicionalmente mariano- y así honra a la Virgen con el sacrificio y el amor a los pobres. Y en Tolosa, cuando  lleva a rezar a la iglesia de Santa María a sus amigas, ya empieza a comunicar ese amor a la Virgen a los demás.

El 8 de diciembre de 1854, Juanitatxo tiene 9 años, el Papa Pío IX, en su Bula “Ineffabilis Deus”, declaraba dogma de fe la Inmaculada Concepción de la Virgen. Declaración largamente esperada en la Iglesia y un acontecimiento que dejará profunda huella en la vivencia mariana de la M. Cándida.

En Burgos y Valladolid, siendo sirvienta de la familia Sabater, continúa su devoción: las dificultades de la vida la llevan a confiar cada vez más en María como madre. Y en Valladolid cuando  discierne lo que Dios quiere para ella, acude a María, buscando ayuda,  luz y fortaleza. Fue entonces cuando Juana Josefa experimentó especialmente la ayuda de la Virgen en la inspiración recibida en El Rosarillo para ser Fundadora.

Nace la congregación de las Hijas de Jesús el 8 de diciembre de 1871, fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen,  Juana Josefa pasa a ser la M. Cándida, fundadora, y todas acogen las palabras del P. Herranz: “llevando siempre por estrella de vuestros caminos a María Inmaculada”

Habrá otros acontecimientos importantes para la Madre Cándida en días de la Virgen: Primeros votos el 8 de diciembre de 1873, Votos perpetuos el 24 de septiembre –Virgen de las Mercedes- de 1903…  

No vamos a quedarnos en un recorrido biográfico, vamos a entrar en la dimensión interior de la persona de la M. Cándida. En un escrito original suyo: “Apuntes de Ejercicios de 1873” podemos encontrar los rasgos característicos de su espiritualidad mariana:

“Virgen Purísima, Madre de Dios y Madre mía, te ruego, […] me concedas o me alcances la gracia de tu divino Hijo para que yo cumpla lo más perfectamente lo que yo le propongo […] desconfío de mí y pongo toda mi confianza en ti, queridísima Madre mía. Y tú pide a tu Santísimo Hijo Jesús que me dé su amor, su gracia y su bendición”

Su espíritu mariano crece con el momento eclesial y se nutre de la devoción popular de su tiempo, por eso para la M. Cándida la Virgen es sobre todo LA PURÍSIMA, y esta es la forma más frecuentemente utilizada para referirse a ella.

La actitud filial,  que marca toda su vivencia religiosa, se manifiesta y refleja en su total CONFIANZA en la protección de la Virgen como Madre, la M. Cándida experimenta cómo la sostiene y acompaña en las dificultades, sufrimientos y problemas.

La M. Cándida, que sigue el camino de espiritualidad ignaciana, considera a María como MADRE DE  JESÚS, presente en las contemplaciones de los misterios de su vida, e INTERCESORA en las situaciones clave de la vida.

Esta vivencia mariana no se queda en lo personal, como Fundadora, la transmite a la congregación en las Constituciones y en las cartas: insiste en acogerse a su protección, imitarla y ser fieles hijas, celebrar las fiestas litúrgicas marianas, especialmente la Inmaculada,  vivir la presencia de María junto a su Hijo en los tiempos litúrgicos destacados: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pasión-Resurrección

La devoción a la Purísima Virgen tiene una gran importancia en los colegios: enseñar “a los niños y niñas a amarla y tenerle mucha devoción”[1] encomendarlos a la Virgen para que “sean buenas y adelanten mucho en la virtud y en el saber.

Descubrir cómo entiende y vive la M. Cándida la devoción a la Virgen nos ayudará a iluminar lo profundo y lo concreto de una devoción mariana según su carisma

 Mª del Pilar  Linde FI


[1] Carta 404